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Seminario CSB Primavera 2011

Lo que dicen de nosotros

Karma y reincarnation

LECCIÓN MATUTINA SOBRE SADHANA

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A cuidado de Marco Ferrini

No obstante que la vida espiritual es la auténtica expresión del alma y que ninguna otra cosa puede ser considerada como vida plena, vida completa, vida de eternidad, de inmortalidad, de sabiduría y de amor, a causa de innumerables errores, con la aparición de los consiguientes hábitos, tendencias y condicionamientos, en el estado condicionado parece difícil y a veces agotador practicar lo que en realidad es natural, espontáneo en el estado de pureza.

De este modo se invierte el orden y resulta natural percibir con los sentidos así como buscar el placer sensorial privilegiando la ilusión, y todo esto conlleva insatisfacción y frustración. Y descuidando la realidad, o el regreso ahora, tal y como sucede en la famosísima metáfora del árbol al revés, el ser condicionado actúa contra su propio interés, va contra su propio interés: en la búsqueda del placer encuentra el sufrimiento, buscando la satisfacción, encuentra la insatisfacción, buscando la inmortalidad encuentra la muerte.

¿Cómo invertir esta morbosa tendencia? A través de la práctica del Bhakti-yoga. Esta es la enseñanza de los acaryas, y esta es también nuestra experiencia. Esta es la enseñanza del Maestro espiritual, de los gurus, sadhus, de los sastras y por gracia divina, también de mi experiencia. Se puede invertir esta tendencia morbosa que lleva a hacerse daño practicando el bhakti.

La práctica del bhakti nos devuelve, poco a poco, aunque con cierta dificultad al inicio, nos lleva de vuelta a nuestra real naturaleza y sentimos crecer de nuevo (y reconocemos netamente cuando esto sucede) una sensación de felicidad. Al principio no resulta demasiado evidente, no se impone de un modo fuertemente perceptible, pero sentimos crecer el sentido del sensum, precisamente aquel que en otras épocas se llamaba de sens, el sentido de la vida, “la razón por la cuál vivir”. Y esta intuición, que es un debilísimo resplandor de la fe y por lo tanto de la visión originaria, del bien principal, llena de sentido la vida.

Cuando este sentido no existe, cualquier cosa que se haga, cualquier empresa cumplida, por pequeña o grande que sea, será sólo una frustración y llevará a aumentar dicha sensación así como a la pérdida, el extravío de los sentidos y al posterior desconcierto de los mismos. Lo que en la vida parece feo, doloroso, es relativamente fácil de abandonar, en cambio, lo que se presenta como bello, atractivo, que promete goce, placer, resulta difícil de abandonar, y ambos son peligrosos.

Dado que lo que deberíamos encontrar es lo bello, debemos buscarlo allí donde se encuentra. Debemos buscar lo que de verdad cuenta con una consistencia estética propia. Deberíamos considerar atractivo aquello que nos lleva a la inmortalidad, hacia la sabiduría, hacia el amor, eso sí que deberíamos considerarlo atractivo, no lo que nos lleva hacia la frustración, la insatisfacción, el conflicto con nosotros mismos y con los demás. Deberíamos buscar la armonía, de lo contrario no encontraremos nunca el amor.

Sin embargo, a causa de las viejas y malas costumbres, de la mala cultura que uno ha engullido, los sentidos están siguiendo, por desgracia, otras linternas, luces nocturnas, luciérnagas que no tienen nada que ver con el esplendor del Sol. Como el dark que cuenta con su siniestro atractivo, en contra posición con el esplendor del Sol, sorenayana. El estilo dark, los cuervos, en oposición a los cisnes blancos del Srimad Bhagavatam.

De hecho, hay preciosas metáforas en el Srimad Bhagavatam sobre cuervos negros y cisnes blancos. De este modo, nuestro equipaje: de gustos, de conocimientos, de modas adquiridas, etc.; nos lleva a preferir ciertas cosas en lugar de otras, por lo que resulta de vital importancia que tengamos una cultura, la verdadera, la que nos lleva a realizar nuestra inmortalidad, nuestra sabiduría y nuestra beatitud, y es precisamente esta cultura la que se debe presentar, difundir y comunicar a los demás, no la cultura que lleva a la confusión, no la que lleva a la frustración, no la que lleva a la insatisfacción. Así que si nosotros practicamos la cultura de la luz y llevamos a las personas a la luz, poco a poco nos convertimos en luz. De modo particular lo explican los Upanisads, el Gita, el Katha Upanisad.

“Uno se convierte en lo que hace”, si nosotros practicamos estos gustos, rehacemos nuestro gusto, si practicamos, nos habituamos, nos acostumbramos, si transmitimos, difundimos una cultura espiritual, emociones espirituales, gustos espirituales, experiencias espirituales, nos volvemos cada vez más espiritualizados. Y para hacer esto se necesita una disciplina, avyasa, sadhana, y el sadhana debe ser satatam, continua, no intermitente. Analicemos ahora el momento del Brahma-muhurta. No sólo es útil, o conveniente, es indispensable. La práctica espiritual del momento del Brahma-muhurta es indispensable porque esta práctica durante las horas de la mañana, sobre todo de la meditación, ofrece la posibilidad de romper, de partir las cadenas del pensamiento automático, es decir, del pensamiento condicionado.

Nosotros somos incapaces de romper con la mera racionalidad, el pensamiento condicionado. Debemos entrar al menos en el estado de dhyana para poder ver los límites de nuestro pensamiento, de nuestra actuación, de nuestra relación con los demás. Si desperdiciamos la oportunidad que cada mañana nos ofrece este momento denominado Brahma-muhurta; si en la vida cotidiana, que tantas veces hemos equiparado a una vida entera (ya sea ésta una vida anual, una vida semanal, una vida mensual, una vida de décadas donde todos los partidos se juegan cada día, y nuestro partido de la vida se juega cada día); Si no contamos con este laboratorio de la mañana, donde hervimos el pensamiento ordinario, donde lo elevamos y lo llevamos a un nivel sublimado, no habrá otra forma de ayudarlo.

Ni siquiera con toda la concentración, con el proceso lógico-racional, porque está ya viciado en su seno, su origen está ya condicionado. He aquí la indispensabilidad del programa espiritual. En cambio, no resulta necesario para convertirse en alcaldes, geómetras, ingenieros, arquitectos, escenógrafos, pescadores, cazadores, barberos, basureros, psicólogos, etc. no hace falta, no es indispensable. Para hacer cosas mundanas, para desarrollar profesiones mundanas no resulta indispensable este ejercicio de llevar el pensamiento más allá de los límites de la lógica, del intelecto, del ego, de los sentidos, de aquel sistema de pensamiento fundado en la percepción de los sentidos, en los silogismos, en el método lógico-racional.

Este tipo de pensamiento puede producir obras importantes: digas, máquinas, sistemas útiles para trabajar la tierra y alimentar así a millones de personas, etc. pero al mismo tiempo traerá consigo muchas desgracias porque nadie contará con el sentido, el sensum propio, nadie percibirá el verdadero objetivo de la vida. Con todo esto no quiero decir que ninguna de las actividades que he mencionado antes carezca de valor, porque lo tienen y mucho, pero se trata de un valor relativo. Tampoco hay que pensar: “El valor relativo no es un valor”, puesto que sí que es un valor.

¿Quién ha dicho que no lo sea? Sí que es un valor pero no es un valor absoluto y a nosotros nos hacen faltan no sólo valores relativos, si no que necesitamos precisamente valores absolutos, pues de lo contrario nunca estaremos satisfechos, no nos sentiremos jamás saciados, no nos llegará nunca la inspiración. Lo relativo es a nuestra parte de tierra lo que lo absoluto es a nuestra parte de cielo. Si no entendemos que necesitamos de estas dos cosas, mal acabaremos y de igual modo, nuestra experiencia espiritual no tendrá éxito.

Hay que entender que lo relativo es precioso, pero es precioso instrumentalmente para poder realizar este viaje, para permitirnos lograr el éxito en dicho viaje, es decir, la realización de nuestro potencial divino. De lo contrario, vivimos este divino como si fuera algo misterioso, desconocido, que de vez en cuando nos crea problemas con la conciencia. Este divino, este espacio divino, esta esencia divina, exige ser realizada, y los sufrimientos con los que nos aflige son provocados precisamente para que miremos hacia Ella, el Alma Suprema, el Paramatma, el Ser Supremo, el Alma de todas las almas.

En el Mandukya Upanishad, así como en otros textos, vemos al inicio el diálogo entre, por un lado, el pájaro supremamente divino, jamás contaminado, que no está apegado a los frutos mundanos de los bienes que puede ofrecer el mundo, que los observa con desapego, con suficiencia; y por el otro en cambio, al pájaro que está apegado a los frutos del árbol, palam, a los frutos de las acciones, que pretende gozar de los frutos de este mundo, ya sea música, teatro, comida, esta u otra cosa, poder, fama… aquella fama perpetua, que precisamente acaba siendo su muerte, sus muertes perpetuas, su renacer, su volver a morir y así sucesivamente.

Llegados a este punto, uno podría pensar “¡Ah! ¡Entonces es difícil desapegarse de este mundo porque tiene frutos tan dulces, tan atractivos! ¡Tiene frutitas que, como las cerezas, cuando se empiezan a comer una ya no se puede parar! Llamémoslas con su nombre: son dependencias. Hay quien es dependiente del sexo, otro es dependiente de la fama, el otro es dependiente del poder, el otro del dinero, y otro es dependiente de la salud, otro es dependiente de la belleza, otro de la comodidad o de otro fruto de este mundo… por lo que realizar nuestra naturaleza es toda una auténtica empresa heroica. No quiero ilusionar a nadie ni crear falsas esperanzas, y lo ha percibido, cada uno de ustedes cuando ha conocido, sentido mi convicción sobre este punto. No basta una palmada en el hombro o dar un mantra a alguien, sino que son necesarios los rigurosos sadhana, avyasa y vairagya y si por la mañana no cocinamos nuestro pensamiento, no conseguiremos obtener nada bueno, no lograremos superar nuestros apegos que nos tienen cogidos por el pelo apegándonos a nuestras dependencias.

No podemos distanciarnos de los pensamientos convencionales, de las modas convencionales, de los gustos que por desgracia hemos desarrollado. Así que no se trata de una opción, el programa matutino no es opcional y el hecho de haber vestido a las deidades no implica que dejemos de hacer el resto del programa espiritual. ¡Todo lo contrario! se debe continuar dicho programa espiritual con la convicción de que en la vida de ese mismo día (dado que un día es como la vida) habrá tiempo para cantar el Santo Nombre, por ejemplo inmediatamente después de la lección. El tiempo se encuentra siempre, lo importante es que estemos apegados.

Como dice el Bhagavad-Gita en el quinto capítulo: satatam yoga yuktah. Si permanecemos aferrados constantemente, ya sea mientras nos lavamos, mientras comemos, mientras dormimos y si dormimos soñamos: “¡esta noche he soñado Vrindavana!” y también se pueden soñar otras localidades donde hacemos sankirtan, lo que equivaldría a estar en Vrindavana, resulta igual, idéntico. En cambio, si estamos en Vrindavana pero con otras cosas en la mente, entonces casi es mejor no estar allí ya que las ofensas que podamos cometer nos hacen perder el gusto por Vrindavana. No voy a estar siempre presente para motivarlos por la mañana con lecciones como esta, así que no tarden en desarrollar un gusto propio, autónomo, no tarden en sentir la necesidad de permanecer en conexión.

No sé por cuanto tiempo, meses, años, décadas, no sé cuánto podré permanecer, cuánto me podré quedar… por eso, todos y cada uno de ustedes se deben empeñar en transmitir a los demás que sin esta inversión matutina, si no se invierte en la adoración de las divinidades, del Maestro espiritual, será sólo una cuestión de tiempo… al final uno suelta a la presa ya que al no sentir gusto por la vida espiritual, desgraciadamente se acaba sintiendo gusto por otra cosa, pues el alma no puede perder ese deseo de satisfacción ese ananda maya vyasat.

Si no encuentra el placer genuino y puro, se conforma con lo turbio, con lo fétido, pero sea,como sea, lo busca. Quiero mostrarles algunos fragmentos de una carta que he escrito a una persona devota aunque ahora creo que tendré que escribírsela de nuevo porque he leído una carta que esta misma persona devota ha enviado a otra persona devota. No podemos esperar demasiadas cosas buenas ni del Siddhanta ni del lenguaje, así que no den por supuesto que una persona que ha iniciado su vida como devota, como devoto, consiga cumplir este viaje.

“¡Oh! ¡¿Pero cómo puede ser?!”. Tras años y años de errores repetidos, de gustos que la persona no ha conseguido transformar por completo, y por tanto, que no ha logrado reorientar hacia el plano de la salud, escrita con mayúscula… Así pues, lo digo con dolor, lo digo con sufrimiento, pero no debemos sorprendernos de las caídas, más bien, debemos tener el justo sentido común para ayudar a las personas a no caer. Sorprenderlas antes de que caigan de mala manera, y ayudarlas a no caer, esta es misericordia. El estupor posterior, el llorar sobre la leche derramada no es en absoluto propio de un sadhu.

Ayuden a las personas, y no se llenen la boca, la cabeza diciendo “esa sabe todo, ese sabe todo”. Deben ser capaces de medir, de razonar, y actuar de forma muy gentil, recordando todas las virtudes que tiene la persona, pues no debemos menospreciar a dicha persona porque comete un error, o dos, o tres, o cuatro, o quince, o dieciséis… estos errores no deben cancelar las cualidades, el servicio realizado, la devoción que ha expresado, siendo ésta también un hecho concreto, real.

Es precisamente con esta memoria, y con esta apreciación con la que hay que ayudar a las personas. Después de haber vestido a las deidades no tienen que desconectarse porque si no se canta el Santo Nombre, si no se escucha el Bhagavatam, si no se tiene una conexión íntima, sat-sanga, una conexión con los devotos, en momentos tan especiales como estos, que parece que no tienen efecto, donde quizá tenemos todavía un poco de sueño, donde un devoto novicio siente una cierta inquietud… desperdiciaremos nuestra energía. Debemos nutrirnos del “pan de los ángeles”, dirigir nuestra mirada a ese “pan de los ángeles” y fijarla durante mucho tiempo.

Continuamente, constantemente, es como reactivarnos siempre, pues por mucho que limpiemos, el polvo sigue acumulándose, un poco en la memoria, otro poco en las viejas y malas costumbres, un poco en la experiencia, puesto que escuchando, viendo, observando, estamos rodeados de una toxicidad altísima, de una contaminación muy elevada. Pero el sadhana que hemos practicado, el estudio que hemos practicado, la compañía de personas santas, que a su vez hemos practicado, demuestran que ya hemos reconstruido ciertas buenas costumbres y debemos basarnos precisamente en ellas. No retomen los viejos y malos hábitos, de lo contrario este viaje resulta agotador porque ello implica volver al final de la cola, sacudirse de un lado a otro, pasar de un bofetón a un beso, de una caricia a un puñetazo, de una patada a un cumplido… la persona así se encuentra en una bhakti mixta, kanishta, mishra bhakti, que no es un bhakti puro si no como Prabhupada decía “comer un chapati con piedras”, “un helado con arena”, elijan la expresión que quieran. Sí, es cierto, por un lado se da el aspecto placentero pero por otro también nos destrozamos los dientes.

Y esto no es vida, así se sufre, es un sufrimiento. Entonces uno qué debería hacer, ¿volver a la ilusión porque promete mucho más?, sin embargo la ilusión satisface mucho menos. Promete mucho más pero después no llena. Basta un momento para tirar todo por la borda, en un segundo se puede hechar a perder todo, mientras que para reconstruir hacen falta años, años y años, se necesitan décadas y décadas, vidas y vidas. Para tirar a la basura algo hace falta tan sólo un momento de locura, basta hacer caso a la mente cuando se descarría, cumpliendo así actos horribles como por ejemplo las ofensas.

En cambio la reconstrucción es muy dura, sobre todo teniendo en cuenta la chatarra con la que nos quedamos. La ilusión había prometido mucho, pero después, cuando uno va a ver de qué materiales dispone, nos los encuentra. Por lo tanto, conquistemos lo que no hemos conquistado, lo que todavía no hemos conquistado. Sigamos en marcha para proseguir con nuestra conquista. Defendamos y custodiemos lo que ya hemos conquistado porque no es suficiente haberlo conquistado, si después, no lo custodiamos, lo perdemos.

Todo aquello que no se ama se pierde, puesto que sino se ama se pierde, ya sea un perro, un pez, un hombre, una mujer, una casa… ¡te la quitan! Si no la amas te la quitan. Se pegan portazos: “¡Paff, paff!”; cuando una cosa no se ama, se maltrata, y después se pierde. Se le dirigen duras palabras, miradas desagradables, se critica por detrás… y al final se pierde, se pierde… lo que no se ama se pierde…

Así pues, hay que cuidar lo que hemos conquistado, lo que hemos seleccionado entre las muchas posibles conquistas que podíamos hacer, si nos hemos dirigido hacia la conquista de algo, por ejemplo la conquista de uno de los cinco sentidos, la conquista de un nuevo gusto, de un nuevo horario: “¡yo me empeño en levantarme temprano, a las cuatro!” en fin, cuando sea. Siempre y cuando uno lo quiera hacer, obviamente. Uno selecciona determinadas conquistas a realizar, después debe estar bien atento a no perder dichos logros ya que los viejos y malos hábitos se restablecen en un santiamén porque los hemos vivido durante décadas y décadas… ¡¿quién sabe durante cuantos millones de vidas?!

En cambio, lo que acabamos de conquistar es frágil, fragilísimo. Debe ser muy cuidado, protegido, puesto a la vista, apreciado. Y ver su valor, reconocer dicho valor y sentirse orgullosos. Hay que sentirse orgulloso de un hijo, de un padre si progresa; igual que hay que sentirse orgulloso de un perro cuando responde a ciertas enseñanzas; sentirse orgulloso de un árbol frutal que ha sido bien cuidado, podado en la forma justa; sentirse orgulloso de cualquier cosa que se haya hecho bien: de un estudio realizado, de un texto escrito, etc. sin volverse orgulloso, estar contento de haberlo hecho.

Hay un modo que yo uso siempre, mi preferido, y es expresar gratitud a Krishna que me ha dado la inspiración, a Prabhupada que me ha dado el método, el ejemplo, el modelo, a tantos hermanos espirituales, a los sastras… si alguna vez consigo hacer algo (porque en ocasiones lo logramos) no es malo apreciar lo que hemos hecho, siempre y cuando honremos a todos aquellos que nos han permitido realizar dichos actos. De lo contrario es peligrosísimo. La soberbia, el falso orgullo, destruye todo, se convierte en un rostro devastado por la lepra.

Así que si no queremos devastar lo que estamos haciendo, debemos actuar con gratitud, con aprecio, con las ideas bien claras, con una conciencia despejada que nos lleva a cumplir con el servicio de difundir la conciencia sacra, por ejemplo a todas estas personas nuevas del último seminario, encaminarlas por este sendero informándoles de que deben estar atentas pues cada uno de los pequeños pasos comporta beneficios eternos pero también se puede perder este sendero y de este modo, se paraliza el progreso si se cometen errores, si se ensucia lo que estamos haciendo. En cambio, el proceso del sadhana consiste precisamente en eliminar la suciedad, quitar suciedad, la contaminación, acabar con todo aquello que todavía nos hace depender de lo mundano.

Este mundo es parte de la creación y por tanto, obra del Señor. No hay nada de malo en apreciar la belleza de un atardecer, el perfume de la hierba, de una flor, o en considerar la malva llena de cualidades virtuosas, a pesar de que después cuando la bebamos tenga un sabor desagradable, sin embargo basta recordar sus efectos positivos sobre el organismo, sus efectos antiinflamatorios naturales, para soportar su sabor (aunque conozcamos sabores mucho mejores) porque sabemos que nos ayuda en el proceso de recuperación de la salud.

Esto se conoce con el nombre de austeridades, tapas y, de igual modo, otras muchas cosas que realizamos constituyen una tapasya, este es precisamente el significado de tapas, tomamos la malva porque sabemos que aporta beneficios. Hay un beneficio superior que nos lleva a aceptar por ejemplo la pruna áspera que a veces me preparan.

Sí, se toma, no porque tenga un buen sabor… después al final, nos acostumbramos, incluso nos aficionamos ya que sabemos que aporta un beneficio, lo que representa una transformación del gusto. Aunque no es fácil transformar los gustos, como por ejemplo cuando recibimos un insulto…no es fácil transformar inmediatamente, yo nunca he prometido a nadie que sea fácil, sin embargo mantengo este empeño porque es indispensable transformar lo que llega, representa toda una oportunidad, y para aprovechar esta oportunidad debemos haber llevado a cabo este tipo de trabajo durante la mañana.

Si no cumplimos con esta tarea matutina, la reacción es reactiva: estímulo-respuesta “tic-tac, tic-tac, tic-tac” y uno, al final del día, está convencido de haber hecho tanto y en cambio no ha hecho nada. Son las gunas quienes han hecho todo. El Bhagavad-gita (3.27) lo explica bien: el necio cree que ha hecho mucho. Por su parte, el sabio, ha entendido que todas estas interacciones son producidas por la prakriti, por las gunas.

Y él está simplemente dirigiéndose hacia el Señor, hacia la inmortalidad, hacia la sabiduría… y ¡no es fácil! No es fácil porque a veces esta interacción resulta tan atractiva, tan lacerante, tan desgarradora como el dolor, que hace perder la concentración. Uno pierde el sentido, la noción de la altura y se encuentra interactuando con las cosas mundanas como si tuvieran un valor en sí mismas cuando en cambio son simples espejismos.

Bien, esto es lo que quería ofreceros como participación a esta reflexión, a estas reflexiones. Podríamos añadir mucho más, por ejemplo que a nadie se le garantiza la compañía de los vaishnavas y no me refiero a la compañía para cenar, o la compañía esporádica en la que se va a visitar a los vaisnavas como si se fuera al cine o como si se fuera a pasear.

Está claro que esa asociación resulta positiva, está bien, mejor eso que nada, pero yo me refiero a una actividad de interacción continua, de esfuerzo, de proyectualidad, de creatividad, de contar con un proyecto y de afrontar todas las interacciones que comporta llevar a delante un proyecto en pleno Kali-yuga, como una barca que va contracorriente. Pero se puede ir también contra corriente, se puede avanzar si agudizamos nuestros sentidos, los controlamos, si conseguimos sentir esas corrientes de aire que, los demás, por distracción o porque están demasiado concentrados en otras cosas, no sienten, se puede, se puede de verdad conseguir mucha inspiración, incluso en Kali-yuga.

El Maha-mantra, satsanga, arca, vigraha, sankirtana, bhajan, sankhya… constituyen una amistad genuina, pura, entre los devotos, un afecto sincero, un mutuo intercambio para ayudarse a avanzar espiritualmente. Uno después se da cuenta que tiene las velas llenas de viento, o el viento en popa, pero mejor no perder este viento, mejor no distraerse, no dejarse llevar por otros vientos que nos hagan invertir la ruta, de lo contrario volveremos otra vez a la casilla de salida y la popa “insuso” como dice Dante, es la palabra “persuadido” y de esta forma está cada vez más triste.

Se trata de un espectáculo muy triste, pero vivimos en la época en la que vivimos, Kali-yuga. Igual que es triste un funeral, igual que es triste que un amigo, con el que hemos hecho tantas cosas, ahora tenga un tumor con metástasis. Hay muchas cosas tristes.

Cuando se acepta vivir en calidad de reencarnados tenemos que afrontar las situaciones que llegan, pagar las cuentas que no estaban previstas: las personas se van, las personas caen, las personas queridas en ocasiones se transforman en seres terribles, y al final, a fin de cuentas, la muerte, que llega a todos concluyendo el discurso. En resumen, esta es una condición intrínseca de sufrimiento.

Para el sabio, no cabe duda, mientras que para el necio, que vive de ilusiones, que se atiborra de fantasías, que no quiere ver la realidad ya que requiere una atención propia de los adultos, y que desea permanecer en el estado pueril lo máximo posible, se llena de comida mundana, de música mundana, de libros mundanos, de amistades mundanas, de relaciones mundanas, sueña cosas mundanas… para personas así, el avance espiritual, la evolución en sí misma es dura, durísima, durísima… La solución, es confiar en el proceso y practicarlo con rigor. De ello derivan todas las soluciones “ad hoc”.

Y entonces el gusto se desarrolla, el gusto espiritual se desarrolla. La idealidad resulta demasiado bella para ser traicionada, para ser regateada. La escala de valores se convierte en estrellas brillantes en el cielo que guían nuestra experiencia en el mundo, con la gente del mundo, con las cosas del mundo, pero con esta iluminación en el cielo que nos permite contar con la orientación continua, nos permite proseguir veloces, y vemos tantas cosas bellas que sin embargo sabemos que tienen la consistencia de un sueño, de un espejismo: “ese se casa, ese muere, ese nace, ese hace las paces, el otro discute…” podemos entender que todas estas cosas son temporales, duran hasta que los actores (por llamarlos de alguna manera) encima de un escenario, consiguen entender que la vida real existe y que la debemos encontrar precisamente en nosotros.

Esa vida real, esa autonomía se tiene que encontrar en nosotros mismos. Debemos encontrar ese gozo en nosotros. Esta satisfacción, esta inspiración debe encontrarse en nuestro ser, pero “¿no se había dicho que los demás son importantes?” sí cierto, precisamente son importantes para encontrar esa satisfacción en nosotros. ¡Qué horror si permaneciéramos todos extrovertidos! ¡Que todo el tesoro son los demás! ¡No! No es verdad, somos nosotros y también son los demás. Si descubrimos nuestro tesoro nos resultará fácil descubrir también el de los demás, en cambio, si no descubrimos nuestro tesoro, no lo vemos tampoco en nadie más.

Si no hemos descubierto nuestro tesoro, no conseguimos verlo en el resto de personas. Es una cuestión de evolución, cuando hemos evolucionado, vemos, sentimos nuestra inspiración, nuestro aliento, nuestra necesidad de idealidad, la vemos también en los demás. Se enlaza con la expresión Paramartha.

Quizá a quien observamos, nuestro interlocutor, todavía no lo ha descubierto pero nosotros lo descubrimos en él. Pandita sama darshinah, pandiah, el que se ha realizado ve también el objetivo a alcanzar en los demás y les ayuda a conectarse al objetivo último, ellos con sus propios instrumentos, con su guna karma, con sus tendencias y sus experiencias para utilizar en su propio beneficio, para que ellos puedan conectarse a la meta suprema. De lo contrario, cuando las personas no tienen ese fin supremo, se desperdician por aquí y por allá, lo dice Krishna en el Bhagavad-gita: “la verdadera inteligencia es la de que aquél que persigue un único objetivo” todos los demás se pierden en los meandros del olvido.

Hay que desarrollar las alas lo bastante como para poder emprender este vuelo, y no se desarrollan de un momento a otro, hace falta trabajar con un espíritu de abandono, con confianza, con entusiasmo. Confianza y entusiasmo son precisamente dos componentes de los que habla Rupa Gosvami en el Bhakti-rasamrita-sindhu, mantener este entusiasmo, mantener la confianza en Parangati o Paramarta, y la vida se transforma, la vida se transforma…


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