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Seminario CSB Primavera 2011

Lo que dicen de nosotros

Karma y reincarnation

EL ARTE DE LA ACCIÓN: PROGRAMAR LA VIDA CON CONSCIENCIA por Marco Ferrini (Matsyavatara Das).

EL ARTE DE LA ACCIÓN: PROGRAMAR LA VIDA CON CONSCIENCIA por Marco Ferrini (Matsyavatara Das).

Karma y muerte: cada uno cada uno afronta las consecuencias de las acciones cumplidas previamente. Usted ha hablado de "programación" de la vida: le pido algún comentario sobre este tema.

Programar significa actuar con consciencia, hacerse cargo de forma responsable de cómo "movemos" cosas y personas a nuestro alrededor. Podemos hacerlo siguiendo tres dinámicas: con el pensamiento, con las palabras y con las acciones. La acción nace del deseo (kama), se desarrolla con el verbo (vac) y generalmente se concluye con el acto físico (karman). En los Textos Sagrados de ritualística, karman suele indicar el hecho por excelencia, el sacrificial, la acción que, perfectamente realizada, ya contiene en sí el resultado deseado. Cuando en cambio el actuar está acompañado de una conciencia insuficiente, de bajo conocimiento, el resultado se produce igualmente pero distorsionado, imprevisto, y no en la dirección deseada sino quizá en la opuesta. Así pues, para proyectar el futuro se tiene que conocer muy bien la ciencia de la acción, que incluye el conocimiento de las reacciones. La doctrina del karman asegura a quien la sigue el logro de los objetivos deseados; está expuesta detalladamente en los capítulos cuarto y quinto del Bhagavad-gita.

La vida encarnada condiciona al ser llevándolo a sufrir, a enfermarse, a morir y a nacer de nuevo. Los sabios de la antigüedad se han cuestionado por ello: "¿Pero cuál es la acción por excelencia, capaz de purificarnos de las consecuencias que por lo general derivan de ella?". Esta perfecta forma de actuar está magníficamente representada en el acto cumplido por amor divino (bhakti). La acción sin apego, motivada por el amor por Dios, no se puede comparar con aquella generada por el amor mundano, caracterizada por la lujuria, la concupiscencia, la inestabilidad, el deseo intenso y egoísta de gozar de lo efímero. Por amor generalmente se suele entender aquel sentimiento que permite sentir placer cuando se da placer a los demás, pero en la literatura Védica el término bhakti se refiere exclusivamente a Dios y al guru, y consiste en un elevado y profundo sentimiento de fe y devoción amorosa depositado en ambos en igual medida. 

A dicho propósito, en el Shvetashvatara Upanishad (1) leemos que el conocimiento espiritual es revelado a la gran alma que pone la misma suprema fe amorosa (parabhakti) en Dios y en el Maestro. El arte de la acción consiste por tanto en una plena actuación pero distanciada, desapegada de las pasiones mundanas y al más elevado nivel de consciencia, inspirado por una especie de enamoramiento por Dios, por el Creador, supremo Amigo y Amante. Hay quien Lo llamará Armonía universal, Cosciencia, Bien, pero hablamos siempre de la misma Entidad, que cuenta con infinitos nombres, como Brahman, Paramatman, Bhagavan, Ishavara. El Dios de gracia y misericordia, el Dios de amor es Bhagavan, la Persona Suprema. La acción cumplida por deber y dirigida a la satisfacción del Supremo no sólo permite re-proyectar la vida en sentido positivo y luminoso sino también consiente que su autor no tenga que volver a nacer en el mundo de la existencia condicionada. Aquel que considera el plano físico como el único plano existencial teme abandonarlo, pero aquellos que perciben dimensiones más elevadas, no están morbosamente enredados y atados al mundo material, no tienen un comportamiento de fobia cuando intuyen que tienen que dejarlo. Así pues, que no se preocupen los materialistas: ni siquiera queriendo podrían dejar el universo fenoménico, de hecho tendrán que permanecer aquí hasta que no se hayan mantenido todas las promesas y no se hayan extinguido totalmente todos los débitos; antes de ese momento nadie podrá evadirse de la prisión del mundo sensible. En condiciones de pura locura, los prisioneros a veces gozan despreocupadamente, pero los placeres mundanos tienen vida breve y terminan inevitablemente transformándose en sufrimiento.
El cuerpo humano es una obra de arte, una joya, un instrumento de alto valor tecnológico que, potencialmente, permite hacer excepcionales experiencias cognitivas; sin embargo es frágil y dura poco. Conscientes de ello, las personas inteligentes se dedican a la ciencia de la realización espiritual y se transfieren a niveles de consciencia más seguros antes de que llegue la tormenta, que se presenta, siempre puntual, bajo la forma de enfermedad, vejez y muerte. Hay quien puede esperar evitar las enfermedades, más difícil es escapar de la vejez, e inevitable es la muerte. Mi reto de cara a vosotros consiste en conseguir que os pongáis de nuevo a la prueba, que juguéis otra vez, estimularos, induciros a re-proyectar, a replantear vuestro futuro, pero después, sois vosotros los que lo tenéis que hacer; vosotros tenéis que pensar con vuestra cabeza y actuar con autonomía; yo sólo os puedo orientar. Normalmente las necesidades físicas se satisfacen con facilidad. Las instancias psicológicas e intelectuales tienen en cambio que resolverse a niveles más elevados. ¿Dónde nacen los gustos, las tendencias, los apegos? No en el plano físico.
Cuando la persona se va del cuerpo, ese cuerpo ya no tiene ningún apego, es más, ya está en acción su disolución operada por el tiempo. En cambio,los apegos residen en la mente bajo forma de anartha (2). En los Upanishad se afirma muchas veces que para nacer a la vida espiritual hay que morir a la vida material y que este morir para renacer no comporta ningún dolor. Quitarse una vieja venda que ya no tiene nada que ver con nosotros, no es doloroso. Cuando las heridas todavía están abiertas, sangrantes, purulentas, es dolorosa incluso la más simple de las operaciones. Con el arma del Conocimiento, con la virtud del desapego, de la distancia emotiva y con la guía espiritual cualificada, el despegue de la venda resulta incluso agradable y placentero. De hecho, el Bhagacad-gita (3) afirma que la disciplina del yoga se practica con alegría y produce la mayor de las felicidades (susukham).

(1) Shevetashvatara Upanishad VI.23.

(2) An-artha: obstáculos para la realización de los objetivos (artha). Los principales son la lujuria o codicia en sentido amplio (kama), la cólera (krodha), la avaricia (lobha), la ilusión (moha) y la envidia (matsara).

(3) Bhagavad-gita IX.2.